No voy a tratar de engañar a nadie, algunos me tomarían por mentiroso o algo peor si en estas líneas no dijese que Gattuso probablemente no hubiese llegado a ser ni tan si quiera profesional de haber sido por su dominio y su arte con el balón, sería de necio intentar maquillar esta realidad. Pero no es menos cierto que el fútbol no solo es para los artistas con el balón en los pies, no solo es de los Laudrup, Zidane, Ronaldinho o Pirlo, de quien dicho sea de paso, el propio Gattuso al verle jugar se preguntó a sí mismo si Andrea y él practicaban el mismo deporte. Como decía, el fútbol no es solo de estos dioses del esférico, es también de luchadores, bregadores, hombres de club y de equipo, cuyo sacrificio no sirve para otra cosa que para que los que brillan, brillen como lo hacen. Y es aquí donde Rino es un superclase. Sacrificio y lucha al servicio del colectivo, esto es innegociable, se puede escatimar en otras cosas, esto no. Una fuerza descomunal, un compromiso sobrenatural y un cansancio inexistente son las armas de Gennaro, quien lo tenía muy claro, “su doping particular son la pimienta y el sudor”.
“Me miro los pies y les digo: Malditos, nunca me dareis una alegría.
Mi único don son las ganas de no rendirme”
No olvidemos qué camisetas y con qué éxito ha vestido el de Cosenza, la rossonera y la azzurra, en ambas con el dorsal ocho a la espalda y en ambas coronándose. Campeón del Mundo de selecciones, del Mundo y de Europa de clubes, de Italia y Escocia… y en todos y cada uno de los títulos siendo parte importante, no por sus goles, ni asistencias, sino por su trabajo para el grupo. No es asunto baladí para un tío que sólo ‘gattuseaba’.
La carrera de Rino transcurrió por el Perugia, donde debutó, Salernitana y AC Milan, donde se hizo grande. Fuera de sus fronteras pasó por el Rangers de Escocia, allí forjó su carácter y por el Sión suizo, donde actuó de jugador/entrenador y comenzó una nueva etapa para él. Llegó al país de los Alpes tras aquel triste episodio del nervio ocular que le mantuvo fuera durante algo más de medio año.
“Los del Glasgow
me ofrecieron un millón de euros por cuatro años. No hubiese sido
correcto rechazar ese contrato sabiendo que mi familia cobraba 800 euros al mes. Me fui para no hacer el feo a mis padres”
Colgadas las botas solo queda desempolvar el traje y disfrutar del fútbol desde otra perspectiva, pero ni mucho menos exenta de pasión y menos hablando de quien hablamos. La vida de Rino en la dirección comenzó en Sion, donde como decimos alternó el banquillo con el césped, la segunda parada fue el Palermo, segunda y breve… Pero que nadie se olvide de él porque volverá, los grandes siempre lo hacen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario